EN SILENCIO Y DE PIE

Las acciones tienen consecuencias y esta vez le toca pagar a los que inflingieron daño. Jamás se puede comparar la bronca que pueden tener ciudadanos comunes con la que puedan tener dirigentes políticos tras su fracaso. No importa que haya dicho o hecho yo como individuo, usar la difamación como respuesta solo expone la oscuridad de la realidad que defienden.

Leonardo Franco

9/1/20269 min read

No sé por qué motivo, pero aún recuerdo con una sonrisa en la cara aquellos actos escolares donde, al comenzar a sonar el himno nacional, los profesores pedían que el alumnado se ponga "de pie y en silencio...". Aquel anuncio causaba en mí una sensación de orgullo, aun a esa corta edad. Y lo pienso con cierta sorpresa porque, de chico, por lo menos antes de entrar a la escuela secundaria, no entendía por completo lo que era la política, la conformación social y el respeto por los símbolos patrios. Como el grueso de los más chicos, cumplía con hacer lo que le enseñaban o le ordenaban, dependiendo el lugar. Con todo eso, veía con cierto rechazo que algunos compañeros no cumplieran a rajatabla la consigna de estar EN SILENCIO; en mi desconocimiento, había cuanto menos una falta de disciplina y, por supuesto, viéndolo de adulto, una gran falta de respeto. Será la educación que tuve en mi hogar, la formación de mis docentes o quizá algo interno en mí que, desde el día 1, siempre me hizo priorizar el respeto tanto por todo aquello que nos representa como argentinos como por la ceremonia que un grupo de personas estaba realizando.

A lo largo de mi vida pasé por muchas experiencias. Posiblemente, más malas que buenas. Destaco las más tristes o traumáticas, puesto que son estas experiencias las que suelen marcar de por vida a cada persona. La forma en que uno recorre un camino, la forma en que uno descubre cosas, las herramientas con las que uno cuenta y, por supuesto, cómo uno reacciona cuando se produce la catástrofe, sea de la dimensión que sea. Algunas, de más chico, me ayudaron a entender cuál era mi identidad y la personalidad con la que hoy me desenvuelvo. Las de más grande me ayudaron a forjar lentamente el carácter con el cual me relaciono con el mundo. Pero hay algo que destaco cada día, cada mes y cada año que pasa, y es la fortaleza con la cual puedo recomponerme de una situación crítica. Por supuesto, no soy la persona más sufrida, ni tuve que atravesar situaciones personales devastadoras como un buen porcentaje de la sociedad vivió en el transcurso de su vida, sobre todo el de ciertas minorías sociales. Pero aquella fortaleza que me caracteriza para salir adelante me garantiza, hace bastante tiempo ya, por lo menos, algo de estabilidad. Podría decir que mi filosofía de vida es la de permanecer de pie, sea cual sea la circunstancia. He atravesado traiciones, estafas, difamaciones, prejuicios, asaltos, accidentes hogareños y hasta he conocido las frías paredes de una celda. Pero, aun con estas adversidades, sigo acá, con la frente más en alto que nunca. Esta postura me trajo tantos dolores de cabeza como rotura de relaciones con distintas personas que en algún momento fueron muy cercanas, pero, aun con eso, no me arrepiento de nada de lo que hice porque sé que siempre actué de buena fe y, por sobre todo (algo que suelo comentarle cada tanto a mis más cercanos), nunca escuché ni se hicieron escuchar comentarios sobre mí que indiquen lo contrario a lo que estoy redactando acá. Siento que cada decisión que tomé en el pasado, sean positivas o negativas, construyeron la versión que hoy soy, de la que estoy orgulloso y de la que quiero seguir desarrollando a lo largo de mi vida. Porque yo encuentro la clave ahí, en la adversidad y el momento crítico. Me encierro ahí por un momento, pienso y actúo sabiendo las consecuencias que puedo afrontar. Con esto no quiero decir que no cometo errores, pero sí reconozco que siempre tengo en consideración los riesgos y las probabilidades de caer a un lugar donde quizá no esté cómodo.

A día de hoy sigo padeciendo las consecuencias de algunas decisiones que tomé o errores que tuve en el pasado. Los últimos fueron "de público y notorio", pero al menos tengo claro cuáles sí fueron decisiones conscientes y cuáles fueron tropiezos que debieron haber sido previstos. Uno de ellos, el más conocido, es el de mi actividad en la política hace unos años. Una actividad muy turbulenta, con tantos altos como bajos. Personalmente, más altos que bajos; públicamente, más bajos que altos. Pero, nuevamente, siempre, desde el inicio, con la plena conciencia de dónde me estaba metiendo. Como primera experiencia a pleno en política, uno va avanzando conforme se abren los caminos. Como en la vida, uno trata de marginar lo que percibe inservible y avanza con lo que cree potable. Ese fue el caso de Revolución Federal. El acercamiento con personas que uno creía de gran calidad humana. Algunos lo fueron, otros no y otros fueron mutando conforme se dieron ciertas situaciones. Pero destaco siempre la buena fe del grupo, aun cuando nos acercamos a lugares incómodos o cuando fuimos demonizados por mostrar determinada cara. Siempre comprendí que mostrar un rostro aguerrido, confrontativo y tajante con el de enfrente podría traernos muchos conflictos, pero jamás visualizamos que presentarnos así tendría que traer como consecuencia la vinculación con graves actos a nivel social e institucional. Para ponerlo en palabras más directas: la vinculación que desde el minuto 1 se intentó hacer entre la actividad de la agrupación que integraba yo con el intento de asesinato de la exvicepresidente, Cristina Fernández de Kirchner. Un momento oscuro tanto a nivel social como personal. La odisea fue plena: meses donde cada semana se afirmaba con total certeza que nosotros debíamos ser encarcelados por formar parte de tal planeamiento. Medios de comunicación afines a la expresidenta fomentando esa teoría y medios no afines validando con su silencio y sus planteos dudosos aquella hipótesis. Tal fue la magnitud de esa intención que usaron ese aberrante hecho como bandera para una campaña presidencial que solo precipitaba el fin devastador, en términos electorales, para el espacio que gobernaba el país. Como sea, la experiencia de ver tu rostro en primer plano en los medios de comunicación más grandes del país, durante casi 1 año, no se la deseo a nadie. O quizá sí, a los corruptos. Y acá no hago distinción de nadie. Acá incluyo tanto a funcionarios del kirchnerismo como a funcionarios del mileísmo. Porque yo sí soy capaz de señalar y no bajo la mirada ante nadie que cuestione mis pensamientos respecto de la casta política que hace décadas lleva parasitando del Estado, de forma directa o indirecta. Un ejercicio que debiera ser cotidiano y pleno entre los millones de seres humanos que habitamos esta tierra es, a diario, demonizado e ideologizado. Porque es hoy, en pleno 2026, después de conocer tantos espacios políticos como colores, que todavía no hay un consenso general social sobre la honestidad del grueso de la dirigencia política. Y no es inocular o difundir odio a un sector. Es hacer un análisis objetivo de lo demostrado por los distintos espacios políticos que alguna vez tuvieron poder. Es agarrar los resultados y poner sobre la mesa el archivo de medidas, dichos y decisiones que tomaron todos alguna vez. De ahí, la conclusión final sacada por la mayoría de nosotros.

Aunque suene fácil y bastante simple este análisis, aun así hay que soportar una avalancha de banderas y relatos impuestos por los más altos dirigentes de Argentina que buscan minimizar y desacreditar esta postura planteada por quien termina siendo solo un simple ciudadano que decide no cerrar la boca. Lo más triste y angustiante de este asunto es que no solo son dirigentes sociales y políticos levantando tales banderas, sino que son conglomerados mediáticos y judiciales que imponen estos mensajes con el fin de ganarle la pulseada al "descontento", "indignado" y "violento" ciudadano. El más claro ejemplo es el que sufrí yo, Leonardo Sosa, desde el día uno, o sea, aquel oscuro 1 de Septiembre de 2022, donde comenzó una maratón de ciertos medios de comunicación para convencer a la mayor cantidad de gente de que mi persona, y otros afines a mí, éramos responsables directos de tal atrocidad. A la par, un sector del poder judicial validando esa teoría y haciendo un uso abusivo de su poder para amedrentarnos y acorralarnos con una causa paralela, inflada, llena de descartes del expediente que sí investigó el ataque a Cristina Kirchner y vacía de elementos relevantes que conduzcan a una sanción. Tal difamación lleva años en el aire y, por supuesto, profundas consecuencias hacia mi persona, afectando tanto mi reputación como mi futuro laboral y académico. Uno podría creer que, con el correr del tiempo, ciertos partícipes necesarios en esa difamación podrían aflojar con tal actitud. Pero no sucedió. Tal es el nivel de obsesión y hostigamiento que incluso cuando yo fui víctima de un accidente en mi hogar, terminé siendo escrachado ante múltiples medios, identificándome como un imputado e investigado judicialmente por el atentado, sabiendo perfectamente que jamás formé parte de tal expediente. Como si eso no fuera suficiente, se encargaron de difundir imágenes mías en estado de inconsciencia mientras era asistido por una ambulancia. A las claras está que la intención de esos medios no era relatar la noticia en cuestión, sino amedrentar, casi a modo venganza, a una de las personas que en X momento de la historia reciente se hizo relevante por manifestarse ante los más altos funcionarios públicos de ese momento.

¿Imaginate nuevamente ver tu cara en distintos medios de comunicación masivos tras sufrir un accidente? ¿Imaginate volver a ser difamado ante millones de personas por actos que, primero, jamás cometiste y, segundo, por los cuales jamás fuiste investigado? Bueno, yo no tuve que imaginarlo. Yo tuve que vivirlo.

No pretendo que mi imagen y mi nombre jamás sean mencionados, porque a las claras está que en algún momento de mi vida yo elegí expresarme y mostrarme de forma pública. El problema radica en que se haga un uso abusivo de esa "libertad de prensa" para vincularme con hechos que siempre me fueron ajenos. Siempre voy a defender la libertad de expresión y de prensa, pero jamás voy a validar que ningún medio de comunicación abuse de este derecho, sea conmigo como con otra persona. Cada acto debe sufrir una consecuencia; es la ley de la vida. Y, en un estado de derecho, se debe cumplir con mayor vehemencia esta afirmación. Por tal motivo es que decidí intimar, en principio, a uno de estos medios que hizo abuso de ese derecho, particularmente por lo sucedido a principios de 2025, en una vivienda que yo habitaba. Porque reportes periodísticos puede y debe hacerlo cualquiera; lo que no deben hacer es explotar la imagen ajena, sin consentimiento y a sabiendas que la información publicada no es la correcta. Mucho más cuando se trata de un asunto tan importante como la comisión de un acto terrorista. Ante esta intimación, una respuesta concreta: hoy, 1 de Septiembre de 2026, el medio Infonews emitió una rectificación pública respecto a tal hecho y posteriormente procedieron a la eliminación de tal artículo donde se me exponía de una forma, cuanto menos, injusta.

Tal será el nivel de tolerancia que tengo que hasta podría entender que existan medios de comunicación que se dediquen a la militancia política, pero nunca voy a comprender la necesidad de hacer de la mentira un valor o una bandera para sostener ese proyecto. Con la esperanza de que atrocidades como la que yo viví no se repitan con otras personas, es que deseo profundamente que el medio en cuestión adopte las medidas necesarias para que en el futuro no incurran en burradas como esta, que hasta podrían terminar costándole la existencia del proyecto.

Siempre hay que recordar que, cuando se trata de ciudadanos comunes, detrás de una difamación hay toda una historia y posiblemente muchas vidas que sufren por tal abuso. Pero está en cada uno también decidir con qué actitud recibe ese ataque y cómo afrontarlo para buscar una solución o algo que lo subsane. En mi caso, abusos como este solo sumaron a la construcción de alguien más fuerte, alguien quien incluso ante ataques de este estilo no da a torcer el brazo ni cambia sus convicciones. Porque aprietes puede sufrir cualquiera, pero afrontar esos aprietes con la frente en alto sí que no es algo habitual, más aún hoy en día con la facilidad que tiene el poder político para amedrentar a quien sea. Vuelvo a tomar la frase con la que abrí este artículo: "En Silencio y de Pie". Eso es algo que siempre voy a llevar como mástil sobre mi hombro, pero a sabiendas de que esa orden solo debe ser respetada cuando se trata de honrar respeto a lo mas sagrado que tenemos como nación. Por eso me tomo el atrevimiento de modificar esa frase y sumarle algo más. Algo realmente superior y que SÍ está por encima de cualquier ser humano con poder. Dios. Solo ante él es que uno no debe dejarse vencer, o incluso si es vencido y tiene la seguridad de que actuó con buena fe, es que debe mantener la frente en alto. Nadie debe poder humillarnos ni disciplinarnos por cómo pensamos. Permanecer, morir de pie, y jamás guardar silencio. Personalmente me lo reservo así: De rodillas y en silencio, solo ante Dios.

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